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Historia

Dolmen de la Hueca

Si bien la formación de El Condado como entidad comarcal no tuvo lugar hasta la Edad Media, el rastro de sus pobladores se remonta a la Prehistoria; más concretamente a la Edad del Bronce. Dichos pobladores se organizaban en tribus que practicaban una incipiente minería, que a su vez nos han legado yacimientos como el Dolmen de la Hueca (Niebla). Un poco más adelante rastreamos la huella del mítico reino de Tartessos en las ruinas de Tejada la Vieja, cuyas murallas y ciertos restos de edificios son todavía visibles. La presencia romana durante el Imperio deja su impronta también aquí, de tal modo que asentamientos como Ostur, Bubulca o Ituci dieron lugar a muchos de nuestros pueblos; en ellos han sido hallados restos de ajuares domésticos, monedas, ... e incluso los cimientos de antiguas villas.

Los visigodos hacen de la amurallada Electa, Niebla, un refugio y una importante ciudad que llega a convertirse en sede episcopal. Sin embargo, durante el dominio musulmán, Niebla y su Cora _ la actual comarca del Condado_ alcanzan un gran renombre, siendo objeto de admiración incluso desde Bagdad. Tras la Reconquista, los pueblos de la provincia se reparten bajo diferentes señores y comienzan a adquirir una identidad propia. Nuestra comarca nace ahí, cuando, en 1369, el rey Enrique II entrega la ciudad y sus dominios a Juan Alonso Pérez de Guzmán, desde entonces conde de Niebla, cuyos descendientes serían señores de los diferentes pueblos que conforman dicho Condado de Niebla.

Convento de San Francisco

El Descubrimiento de América marca un hito en la historia, no sólo de estos pueblos sino de Europa y el mundo. Junto a las aguas del río Tinto se construyen las naves descubridoras, que parten poco después de su desembocadura. Marineros y comerciantes como los Niño de Moguer y otros muchos de las poblaciones vecinas se unen a la aventura. Durante toda la Edad Moderna existe un constante flujo de personas y mercancías hacia el Nuevo Mundo desde pueblos como Moguer, Lucena, Villalba (que envía a las Indias la primera partida de vinos documentada)... Esto da como resultado la construcción o el ennoblecimiento de edificios como los conventos de San Francisco, Santa Clara (comenzado en el siglo XIV) de Moguer, de la Luz en Lucena etc... que influyen en el estilo de muchos edificios posteriores.

Viñas

Desde entonces, la comarca se ha mantenido como un área eminentemente rural, dedicada a los cultivos de tipo mediterráneo, como los cereales, el olivar y muy especialmente la vid, que se ha convertido en símbolo para todos nuestros pueblos. El vino es, pues, el alma de El Condado, que posee su propia Denominación de Origen. Este preciado líquido le ha dado momentos de gloria y también de decadencia. A finales del siglo XIX, la inauguración del ferrocarril Sevilla-Huelva y la crisis sufrida en otras regiones, impulsan el sector vitivinícola y el progreso de los pueblos de la comarca. Así, a lugares como Bollullos o La Palma, llegan empresarios del sector procedentes de otras zonas vinícolas de prestigio, además de toneleros que potencian una rica industria paralela a la del vino. Sin embargo, a principios del XX, la plaga de filoxera afecta al viñedo de la región y con él, la base de su economía. El Condado parece entrar en una fase de letargo del que no despertará hasta los años sesenta, momento en el que se reactiva la actividad vinícola, mediante el establecimiento de la Denominación de Origen y la organización de eventos destinados a promocionar y revivir la cultura del vino (La Fiesta de la Vendimia del Condado de la Palma, la Semana de la Viticultura de Bollullos...) A la vez, otro nuevo cultivo, el del fresón, moderniza la agricultura y trae nueva vida y prosperidad a localidades como Moguer, Lucena, Rociana ...

Juan Ramón Jiménez

El Condado de Huelva, asentamiento de diferentes civilizaciones, poseedor de un rico bagaje histórico y cultural, cuna e inspiración de la pluma de Juan Ramón Jiménez, tierra de blancos pueblos y de arraigadas costumbres y sentir rociero, de olores a campo, a vid, a madera y guardián de los incomparables paisajes de las arenas de Doñana y de las hermosas playas de su entorno, mira a un futuro prometedor de desarrollo para sus pueblos y sus gentes.

 

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